En la última década, la ciudad de Mérida ha crecido exponencialmente en el sector industrial y, paralelamente, el inmobiliario. En el siguiente artículo hipotetizamos sobre cómo Mérida podría convertirse en el nuevo modelo de la ciudad industrial.
En los últimos años, la ciudad blanca ha venido transformando su modelo económico y su perfil urbano. Tradicionalmente conocida por su riqueza cultural y vocación turística, la capital yucateca ha comenzado a consolidarse -simultáneamente- en un polo de desarrollo industrial y logístico de gran relevancia nacional.
Pese a que esta transformación no desplaza los sectores que históricamente han sostenido la economía regional (el turismo, la agricultura, la pesca y la ganadería), sí abre paso a un componente económico adicional que está reconfigurando el paisaje productivo y estético de la capital.
Como se ha mencionado anteriormente, en las últimas dos décadas, la ciudad de Mérida creció de forma exponencial. Gracias a la primera ola de migración masiva en los 2010's, la ciudad comenzó a expandirse principalmente en las zonas sur y poniente. Sin embargo, tras la pandemia del COVID-19, una nueva oleada de migración masiva trajo consigo una serie de problemáticas, entre ellas, la necesidad por infraestructura industrial y habitacional.
Si bien, aunque el crecimiento industrial aún no se ha consolidado, ya existen señales claras de que Mérida se está posicionando en el radar nacional como un centro estratégico para inversiones productivas, entre ellas, la inversión inmobiliaria.
Pese a que Mérida se está perfilando como una nueva ciudad industrial emergente, es importante reflexionar sobre cómo este modelo puede -y tiene- que integrarse con los elementos que han hecho a Mérida especial: